lunes, 25 de mayo de 2026
MELODÍA DE LO ETERNO: EL ECO DE LA RISA.
Ensayo sobre la identidad y la libertad: Una reflexión crítica de Un mundo feliz.
![]() |
“Al principio no vi nada; mis ojos, acostumbrados a la oscuridad, se deslumbraron y se cerraron bruscamente. Cuando pude abrirlos, me quedé más que maravillado, alucinado. (…) Un inmenso manto de agua, que podía ser el comienzo de un lago o de un océano, se extendía más allá de lo que alcanzaba la vista.”
Viaje al centro de la tierra, Jules Verne.
Un mundo feliz, escrito por Aldous Huxley, la Odisea de Homero
o los cuentos de Shakespeare representan aquella literatura clásica que ha
permeado la sociedad, guiado los pasos de grandes pensadores, filósofos y
soñadores; la que ha convertido universidades en instituciones de pensamiento,
por las que se han dado todas las revoluciones de las ideas, liberado pueblos y
marcado generaciones. Sin embargo, ¿qué sería del mundo si el arte que por
muchos años ha sido el encargado exaltar las cualidades humanas desapareciera,
si las convicciones personales fueran arrebatadas por el egoísmo, la frialdad y
el control? Donde hasta el más íntimo sentimiento estuviera condenado a
desaparecer, mientras los seres humanos sacian el vacío de felicidad y placer
con la inmediatez. Es así como el mundo futurista que un día imaginamos terminaría
siendo la más absurda y temida de las pesadillas. La destrucción de la autenticidad,
la pérdida de la ética y la libertad dibujan un futuro sombrío mientras la
inmensidad del conocimiento se condena al olvido.
Las distopías son un género encargado de mostrarnos
aquello que no desearíamos que sucediera en la vida real, contrario a la utopía
que es mundo perfecto e ideal donde todo sale bien, no existe el sufrimiento y
el agravio. Así las cosas, Huxley juega con este deseo y nos presenta lo que
seria de la raza humana si aquellos problemas que tanto nos agobian un día simplemente
dejaran de existir. Es fácil imaginarlo desde el cansancio cotidiano, la monotonía
y la carga física y emocional que conlleva el simple hecho de vivir.
En su novela se nos presenta la materialización de este
deseo a partir de un “mundo ideal”, permeado por varios sistemas de control; aunque
cabe recalcar que este control no nace en la cuna, sino desde la concepción, en
este mundo las mujeres no gestan a los que serán los ciudadanos, en cambio, utilizan
los laboratorios del Centro de Incubación y Condicionamiento para lograr la manipulación
embrionaria, creada a la luz de teorías de herencia genética planteadas por el científico
Gregor Mendel. Este proceso que debería darse naturalmente es corrompido por
los seres humanos, formando una línea de desigualdad y producción en masa, donde
se clasifica la apariencia y las capacidades de las personas. Es así como gracias
al condicionamiento, ya se sabe la suerte del futuro desde antes de nacer. A partir
de la psicología y los estímulos negativos como ruidos estridentes y descargas eléctricas
logran que los bebés sientan rechazo hacia ciertos objetos o lugares utilizando
herramientas conductuales clásicas, como en su momento lo planteó John B.
Watson. En estas prácticas pretenden que los bebés repudien los libros o la
naturaleza porque el sistema está diseñado para desarrollar la pasividad de los
individuos e impedir su capacidad crítica.
De este modo, dentro de la historia los libros no se prohíben
explícitamente, simplemente desaparece el deseo por tomarlos gracias al rechazo
automático, fruto del condicionamiento ejercido y que, en consecuencia, queda grabado
en el inconsciente. Por lo tanto, se convierten en una sociedad que no se
interesa por la lectura y tampoco se cuestiona el porqué.
Mas allá de los beneficios que se le atribuyen a la lectura
como, mejorar la agilidad mental y la memoria hasta potenciar la creatividad y
el pensamiento. Existen consecuencias mucho más profundas de lo que pensamos. Si
decidiéramos mirar al pasado y tener en cuenta las figuras influyentes de la
humanidad encontraríamos que aún son recordadas por lo que dejaron plasmado en
la escritura; la Biblia como el manual sagrado de la humanidad, las teorías filosóficas
planteadas por Platón en la Grecia antigua e incluso las historias de amor
creadas por muchísimos literatos que sembraron la esperanza de sentir afecto y
convivir con alguien más. Este andamiaje de historias carga consigo el peso de
la intelectualidad y la sensibilidad real, con ello se demuestra que el hombre
es un sujeto frágil regido por principios y convicciones, es fiel a sus creencias
y la mayoría de veces busca seguirlas para darle sentido a su propia existencia.
En ese orden de ideas, la lectura es un acto de libertad que le permite al ser
humano reflexionar, cuestionar y construir su visión del mundo. Umberto Eco, semiólogo
y novelista defendía que leer es interpretar y en esa interpretación reside la
capacidad critica que distingue al ser humano de la máquina.
En ese sentido, la novela comprende que, a pesar del
condicionamiento y los múltiples esfuerzos por convertir al ser humano en una máquina
inerte, aún quedan vestigios de humanidad. El sentimiento de vacío e
infelicidad hacen parte de la condición humana, cualquiera que haya vivido
merece la facultad de sentir miedo, dolor o rabia; el sufrimiento humano es
inevitable, según pensadores como Arthur Schopenhauer, la existencia en si
misma lo es.
Desde esta
perspectiva, la búsqueda de la felicidad es una ilusión peligrosa, puesto que, ceder
completamente a nuestros deseos representaría aceptar la inmediatez como moneda
de cambio, aun sabiendo que no otorgará la felicidad plena. Pese a ello, el no
hacerlo también conllevaría igualmente al sufrimiento y el tedio. Esta especie
de paradoja hace parte de la complejidad del hombre, y no puede deshacerse de
ella por más esfuerzos que ejerza en sí mismo.
La narrativa pretende evitar esta contradicción arrancando
la capacidad de sentir. El Estado Mundial les prohíbe a las personas enamorarse
profundamente, llorar, sufrir o quejarse. Con base a eso, nace la pregunta: ¿quién
eres? ¿Que queda del alma humana cuando es despojada de su intimidad? En el
mundo real, las personas se refugian del dolor que conlleva la angustia existencial
en placeres efímeros como el alcohol, la pornografía o la drogadicción; sin embargo,
al terminar su efecto el hastío es incluso peor que la razón inicial por la que
lo hicieron. En la historia existe el soma, una pastilla que inhibe al
cuerpo de sentir, lo sumerge en un estado de dopaje en el cual vaga entre sus
propias ilusiones de felicidad. Lo realmente curioso sucede al despertar, ya
que no siente nada, el cerebro no tiene consciencia de su estado, por ende, no existe
el discernimiento. El sujeto no es capaz de reflexionar acerca de lo vivido, lo
que conlleva a que vaya por el mundo en una burbuja ilusoria, dentro de ella se
encuentra en un estado de aparente felicidad, pero debido a su naturaleza frágil,
esta termina desvaneciéndose y repitiendo el ciclo una y otra vez.
En este punto, la identidad del hombre ha quedado diluida
y sacrificada, la individualidad ha sido absorbida por el sistema, el mismo que
le repite a su sociedad el lema principal: Comunidad, Identidad, Estabilidad
por lo cual rigen sus conductas y generan la homogenización absoluta de la masa.
Desde la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, en la psique humana conviven
el Ello, el Yo y el Superyó conceptos que utilizó para describir las entidades
que explican la personalidad. El Ello representa los impulsos inconscientes y
el deseo de placer inmediato, el Yo se refiere a la reflexión práctica de las
consecuencias de las acciones y el Superyó es la interiorización de las normas
y los valores sociales. En el libro, las personas son despojadas del Yo
auténtico, no hay reflexión consciente sobre la práctica y consecuencias de sus
acciones. Parecen gobernadas por el Ello, pues los impulsos buscan responder al
placer inmediato, como tomar soma, tener sexo y el consumo, pero realmente su
conducta está profundamente marcada por el Superyó impuesto por el estado, debido
a que han interiorizado las normas sociales a las cuales han sido adaptados. Este
sistema les dice que deben ser felices, pero no sufrir y que deben consumir.
Esta idea marca profundamente el pensamiento de la sociedad y conlleva a un
declive de la identidad, convirtiéndose en una máscara vacía, una especie de
performance en el cual se le dice a cada quien como actuar para ser aceptado.
En esta anulación del Yo auténtico, es propicio
preguntarse si realmente existe la libertad. Si bien, la sociedad de Un
Mundo Feliz puede obtener felicidad, sexo y diversión inmediatas, no tienen
la facultad de escoger y a la menor objeción que hagan pueden tener
consecuencias fatales. La libertad se define como la capacidad humana para sentir,
actuar y tomar decisiones acorde a su propia voluntad. Según el texto Apología
de la Inmoralidad, la ética hace parte de la libertad y surge cuando se
interpone una reflexión ante las normas morales de una sociedad. La autora Paulina
Rivero Weber afirma que es necesario ser inmoral, ya que gracias a ella se
defiende la libertad de crear el propio ser y moldear el carácter a partir de
la toma de decisiones conscientes regidas por el pensamiento crítico y la autonomía.
El personaje de Bernard Marx encarna un lado de esta
dualidad: se siente deprimido y cree necesitar un cambio; sin embargo, al
momento de enfrentarse a los sujetos que están más arriba en la jerarquía
social, su valentía se desvanece, siente miedo de ser castigado. No obstante,
al obtener un poco de reconocimiento y entrar a un punto mas alto en la
burocracia, toda su “reflexión” se congela en el pasado. Esto puede significar
que en algún momento si debió sentirse inconforme con su vida, pero no porque
la aborreciera completamente, sino que necesitaba más poder. Muchas personas enfocan
su vida a la crítica, como agregué anteriormente al hablar del performance, buscan
aparentar tener una identidad sólida, aunque realmente esta está moldeada por
valores impuestos (la moral). En este caso, lo único que desean es ser parte de
los que oprimen, no de los oprimidos.
Por otro lado, existe el verdadero disruptivo, reflejado
en la figura de John, el Salvaje. Al llegar a esta nueva sociedad, luego de haberse
criado entre los mal llamados “salvajes” y con las reflexiones de los libros de
Shakespeare no pretende ganar poder. Crítica duramente su manera de huir de las
emociones y la fragilidad ontológica. Él representa la ética, es fiel a sus
convicciones internas, aunque esto lo lleve a la soledad y la angustia. No
acepta doparse con soma o traicionar sus valores éticos, afirma que
prefiere el sufrimiento, no como acto masoquista sino como una manera de
sentirse vivo. -Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero
poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado-. El
Salvaje reclama su derecho a ser infeliz, ya que para el la libertad real
implica el poder atravesar con naturalidad las etapas de la vida, conocer la
belleza de la creación humana a través de la literatura y la poesía, ser capaz
de soltar el dolor a partir del llanto, creer en algo superior a su existencia;
acepta el riesgo de perder y sentir angustia. John demuestra que prefiere el
sufrimiento de su Yo auténtico, hace de la libertad una resistencia y elige la destrucción
digna de su propio cuerpo antes que corromper su ser.
En conclusión, la obra de Aldous Huxley muestra una
distopía no tan alejada de la realidad, se convierte en un espejo profundo de la
contemporaneidad. A lo largo de este análisis se ha evidenciado que la búsqueda
de la felicidad inmediata conlleva a la superficialidad, condena a las personas
a la dependencia de un estímulo que sacia la incapacidad de sentirse vivos. Al
permitir que el condicionamiento anule el Yo auténtico, conllevan a que la
sociedad quede atrapada en un performance disfrazado de identidad, cuando
realmente representan la inestabilidad junto a la necesidad de encajar en un
mundo que no ha sido diseñado para seres humanos. La libertad queda finalmente
atrapada en un sistema burocrático de consumo masivo, donde los individuos
prefieren la comodidad del placebo momentáneo antes que la capacidad de
verdaderamente sentir.
Frente a esta deshumanización, las figura de John el Salvaje
y la literatura clásica se erigen como la resistencia verdadera. Al retomar el
asombro inicial que Julio Verne describía al salir de la oscuridad de la caverna
y encontrar el agua para saciarse a sí mismo. La lectura y el arte son los únicos
capaces de devolvernos la capacidad crítica para interpretar el mundo,
cuestionar dogmas y abrazar la fragilidad de nuestra existencia. El sufrimiento,
la imperfección y la angustia plasmada por Schopenhauer no son errores que deban
sanarse con anestesia química o digital; son la prueba fehaciente de que
estamos vivos. Defender el derecho a sentir, a dudar, a llorar y sufrir, nos
recuerda que nuestra historia, hilada a través de palabras es, en última
instancia, el camino para salvaguardar la identidad y la libertad y así, evitar
que el futuro tecnológico que un día anhelamos se convierta en la mas absurda y
vil de las pesadillas.
REFERENCIAS.
Adrián Triglia. (2016, octubre 13). El ello, el yo y el superyó, según
Sigmund Freud. Portal Psicología y Mente.
https://psicologiaymente.com/psicologia/ello-yo-superyo-sigmund-freud
Eco, U. (2000). Sobre la literatura. Anagrama.
Huxley. A (1932) Un Mundo Feliz. Debolsillo.
Rivero Weber, P. (2004). Apología de la inmoralidad. https://www.facmed.unam.mx/eventos/seam2k1/2004/ponencia_ene_2k4.htm
Schopenhauer, A (1819) El mundo como voluntad y representación.
Verne, J. (1864). Viaje al centro de la tierra. Austral.
Watson, J (1930). Conductismo.
MELODÍA DE LO ETERNO: EL ECO DE LA RISA.
Pensar en la infancia es como dar un suspiro: añorar aquellas épocas donde la vida no parecía tan seria, donde la mayor preocupación era...
-
EL DIARIO DE ANA FRANK . Anna Frank reseña y opinión personal. autora: Selene Palencia. He terminado de leer el libro, luego de muchos ...
-
EL EXTRANJERO. "¿No tiene usted, pues, esperanza alguna y vive pensando que va a morir por entero? Si, le respondí."
